Administrar, rendir y agotar el tiempo. Las jornadas de madres y padres universitarios

Alma Vanessa Arvizu Reynaga1

Universidad Autónoma Metropolitana - Azcapotzalco. Ciudad de México, México. email: vanearvizu01@gmail.com

* Sobre la autora

Licenciada en Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestra en Sociología con especialidad en Sociología de la Educación Superior por la Universidad Autónoma Metropolitana, institución en la que actualmente cursa el doctorado en Sociología. Ganó el premio de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) por la mejor tesis de maestría en 2016. Obtuvo mención honorífica en la categoría ensayo del Premio Dolores Castro 2019. Sus líneas de investigación son: trayectorias educativas; educación superior y género; maternidad y paternidad en universitario




Resumen

El texto analiza el uso y la distribución del tiempo de los estudiantes universitarios que son madres o padres. La investigación se realizó en dos instituciones de educación superior, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (UIA) y la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa (UAM-C). Partiendo del método etnográfico se empleó la técnica de entrevista semiestructurada con la que se recopilaron los testimonios de 24 estudiantes de licenciatura (hombres y mujeres de ambas instituciones). Se encuentra que las y los estudiantes realizan hasta tres jornadas diarias: la familiar, la escolar y la laboral. Dichas jornadas están estrechamente ligadas a los patrones tradicionales de género y a la distribución sexual del trabajo.

Recibido: 01-08-2019; Aceptado: 01-12-2019

Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, 2020 Mar 2

Palabras clave: división sexual del trabajo, roles de género, reparto de responsabilidades familiares, maternidad, paternidad, educación superior.
Keywords: sexual division of labour, gender roles, distribution of family responsibilities, maternity, paternity, university.

De mandatos y órdenes: ser un estudiante con hijos e hijas

En este artículo hay un doble interés por el tiempo, por una parte, el tiempo normativo que regula las elecciones y los rumbos biográficos de las madres y padres estudiantes, como la edad apropiada para tener hijos, para cursar o culminar la carrera, para unirse o laborar, etc.; por otra parte, la forma en cómo esta normatividad está implícita en las actividades de la vida cotidiana y en el uso que las madres y los padres estudiantes dan al tiempo.

Para entrar en materia vale la pena hacer unas precisiones conceptuales. Primero, desde la sociología han surgido distintas definiciones del tiempo (Zamorano, 2008), este texto se basa en la postura de Rajchenberg y Héau-Lambert (2002) quienes consideran que éste es una dimensión de la realidad humana. En esta definición hay dos elementos fundamentales, uno es el tiempo como dimensión, lo cual conlleva a definirlo como un fenómeno medible; el segundo es el tiempo como una manifestación valorada para analizar y comprender la realidad que, a palabras de Zamorano (2008), queda prendida en la memoria y en la representación de la experiencia del día a día. Y agrego un tercer elemento a la definición: el tiempo como un recurso. Enfocarlo como un recurso lleva a analizarlo como un insumo de valor con el que contamos para cumplir las actividades diarias, las metas y objetivos personales. En específico para este trabajo, el análisis del uso del tiempo ha propiciado conocer este fenómeno en sus tres aspectos (medible, ordenador y como un recurso), permitiendo visibilizar las diferencias y similitudes entre hombres y mujeres de distintos estratos económicos, pero que comparten la cualidad de estudiar licenciatura y ser padres o madres.

El tema de la maternidad y paternidad en jóvenes universitarios lleva a cuestionar las temporalidades a nivel macro, esto es, los patrones normativos que establecen calendarios, ritmos y tiempos “ideales” para las personas. Uno de ellos es el tránsito de la juventud a la adultez que, hasta hace unas décadas, consideraba cinco eventos ordenados en una estricta cronología: culminar la educación, ingresar al mercado laboral, salir de la residencia materna/paterna, unirse y reproducirse (Sepúlveda, 2013). Orden que claramente las madres y los padres estudiantes no siguen, pues ellos ya han cumplido el último evento de vida (tener hijos) sin haber culminado el primero (salir de la escuela). Es así como las investigaciones contemporáneas han sometido a escrutinio la linealidad de esta transición y abren la pauta para analizar el tránsito juventud-adultez desde esquemas personalizados y no lineales con los cuales se logre identificar los procesos/eventos vitales que el sujeto reconoce como elementos sustantivos del proceso de maduración individual, así como reconstituir el significado que les confiere (Mora y de Oliveira 2009, p. 269).

Otro modelo ideal viene desde las Instituciones de Educación Superior (IES), en cuyos procesos organizacionales, burocráticos y académicos se apremia una trayectoria educativa lineal. Esto implica lograr un recorrido sin interrupciones ni percances, desde los niveles escolares previos y durante la universidad. En cuanto a la temporalidad, seguir una trayectoria lineal comprende, además de culminar un ciclo escolar a tiempo, ingresar con la edad “apropiada” para el nivel o grado educativo consecuente. Esta linealidad ha sido contrastada por distintos investigadores (De Garay, 2010; Blanco, Solís y Robles, 2014; De Garay, Miller y Montoya, 2017) quienes afirman que es difícil que todos los estudiantes se ajusten a un molde homogéneo de trayectoria educativa, debido a que sus antecedentes, experiencias, recursos o responsabilidades no son iguales. Las madres y padres estudiantes son un ejemplo de dicha heterogeneidad, ya que tener hijos les marca una diferencia en el uso del tiempo y en la disposición que tienen de este recurso para atender las tareas académicas.

Las madres y padres universitarios deben arreglar su tiempo en función de sus prioridades, para algunos serán sus hijos, pero para otros será terminar la carrera o emplearse. Es así como una de las principales consecuencias de combinar maternidad o paternidad con los estudios universitarios es la posibilidad de que las o los estudiantes permanezcan en rezago, suspendan por algún periodo sus estudios o los abandonen definitivamente por la dificultad de no tener el tiempo suficiente para coordinar y atender todas sus actividades (Sanz, 2010; Castillo, 2015; Castañeda, 2015; Arvizu, 2016).

De esta manera, lo que se expone en las siguientes líneas no sólo da cuenta de las jornadas de madres y padres estudiantes, de la distribución desigual de actividades por género, del peso que tiene el recurso económico para rendir y administrar el tiempo, sino también del trabajo que tienen por delante las universidades para tomar en cuenta a quienes no se ajustan al modelo de estudiante ideal y en qué medida pueden apoyarles a permanecer y concluir su carrera universitaria.

Precisiones metodológicas

El objetivo del artículo es analizar cómo es el uso del tiempo, diferenciado por sexo, de los universitarios, en particular de estudiantes que son madres o padres. Se decidió que la investigación diera cuenta del contraste de la maternidad y paternidad estudiantil en dos instituciones diversas en su operación, matrícula y organización, por eso se eligió la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (UIA), una institución privada de élite perteneciente a la Compañía de Jesús, y la Universidad Autónoma Metropolitana Cuajimalpa (UAM-C), una IES pública y autónoma. El supuesto del cual se partió fue que no sólo los cursos de vida de las madres y los padres universitarios son distintos al modelo normativo, en el sentido del orden en que se organizan sus eventos biográficos, sino que sus trayectorias educativas tampoco siguen una linealidad puesto que estos estudiantes deben dividir su tiempo y organizarse para atender sus responsabilidades maternas o paternas, el trabajo y su carrera universitaria.

El primer paso en la conducción de la investigación fue solicitar, tanto a la UIA como a la UAM-C, información sobre sus estudiantes que son padres o madres. Sin embargo, ninguna de estas instituciones incluye en sus instrumentos de recolección de datos estudiantiles alguna pregunta referida a ello, por lo que hay un desconocimiento absoluto de cuántos y qué características tienen estos estudiantes. Dado la ausencia de datos, se optó por llevar a cabo una estrategia de corte cualitativo y se trabajó con el método etnográfico haciendo uso de las técnicas de observación y entrevista semiestructurada.

En una segunda fase se llevó a cabo la observación dentro de las instituciones, con un registro en el diario de campo para describir y recopilar información de ambas IES. A la par, se buscó el apoyo de las coordinaciones de las carreras universitarias para poder contactar a los estudiantes y aplicar las entrevistas. Otra estrategia para conseguir informantes fue la colocación de carteles en espacios universitarios, tanto físicos como virtuales, con una invitación abierta para participar en el estudio. Por último, también se empleó el muestreo en cadena a partir del cual los y las entrevistadas recomendaron a otros padres o madres universitarios para que colaboraran en la entrevista.

La tercera fase consistió en la aplicación de las entrevistas. En total se consiguieron 24: 11 en la UIA y 13 en la UAM-C (Tabla 1); es pertinente aclarar que se entregó una carta de consentimiento informado a cada una de las madres y de los padres estudiantes para tener su autorización sobre sus datos y testimonios. También se precisa que, dado la dificultad de encontrar a los informantes, los únicos criterios de participación en el estudio fueron estar inscritos en alguno de los programas de licenciatura de la UIA o de la UAM-C y tener hijos.

TABLA 1.

Perfiles sociodemográficos de las madres y padres estudiantes de la UIA y la UAM-C


Nombre IES Mujer (M) / Hombre (H) Edad Edo. Civil Reside con: No. hijos/as Edad y sexo de los hijos/as Edad al tener al 1er hijo Edad al unirse Trimestre UAM Semestre UIA Carrera
Anónima UIA M 23 Casada Esposo e hijo 1 2 (H) 21 20 Tesis Nutrición
Daday UIA H 45 Casado Esposa e hijos 3 18 (H), 12 (H) y 9 (H) 28 29 1 Filosofía
Fernanda UIA M 22 Soltera Padres e hijos 1 3 (H) 18 2 Diseño de la indumentaria y moda
Gisel UIA M 40 Divorciada Con hijos 2 17 (M) y 10 (H) 21 22-31 Cursando inglés (para titularse) Derecho
Glora UIA M 45 Casada Esposo e hijos 2 5 (M) y 3 (H) 40 38 7 Pedagogía
Jennifer UIA M 34 Casada Esposo e hijos 2 9 (M) y 5 (H) 25 20 Concluyó la carrera Psicología
Liliana UIA M 26 Casada Esposo e hijos 2 4(H) y 1 (M) 22 22 Servicio Social Derecho
Mariana UIA M 22 Casada Esposo e hijo 1 1 (H) 21 20 6 Diseño de la indumentaria y moda
Montse UIA M 45 Casada Esposo e hijos 2 15 (H) y 5 (H) 36 36 Concluyó la carrera Pedagogía
Sabrina UIA M 22 Separada Padres e hijos 2 2 (H) 1(H) 19 19 3 Pedagogía
Ximena UIA M 23 Separada Con hija 1 2 (M) 21 20 6 Historia del arte
Anaid UAM M 27 Soltera Familia Ext. 1 9 (H) 17 Concluyó la carrera Matemáticas
Ángel UAM H 38 Unión Pareja e hijos 3 15 (M), 13 (M) y 9 (H) 22 22 12 Diseño
Berenice UAM M 25 Unión Pareja e hijos 1 6 meses (H) 24 24 8 Socioterritoriales
Carolina UAM M 38 Separada Sola 1 16 (M) 21 7 Socioterritoriales
Celeste UAM M 26 Separada Con padre e hijo 1 5 (H) 21 Concluyó la carrera Comunicación
Flor UAM M 23 Separada Padres e hija 1 2 (M) 21 11 Biología Molecular
Jessica UAM M 24 Casada Familia Ext. 2 1 (M) y 2 (M) 21 22 8 Diseño
Julia UAM M 25 Soltera Con hijo 1 7 (H) 18 7 Derecho
Karina UAM M 20 Unión Familia Ext. 1 4 meses (M) 19 20 5 Socioterritoriales
Levi UAM H 26 Separado Personas sin parentesco 1 6 (M) 20 11 Comunicación
Marvel UAM H 31 Unión Esposa e hijo 1 3 (H) 28 28 11 Humanidades
Tania UAM M 26 Casada Familia Ext. 1 5 (M) 21 21 10 Humanidades
Yessenia UAM M 31 Soltera Con hijo 1 3 (H) 28 Cursa distindos trimestres Socioterritoriales

TFN1Fuente: Elaboración propia.


Finalmente, se llevó a cabo la transcripción de las entrevistas obtenidas y se analizaron los relatos partiendo de la dimensión del uso del tiempo con tres categorías: maternidad y paternidad, que compete al tiempo que los estudiantes refirieron emplear para el cuidado y crianza de su prole; educación, en donde se consideraron las actividades que desempeñan para el cumplimiento académico en su licenciatura; y trabajo, categoría en la que se recuperaron los testimonios que hacen referencia a su participación y responsabilidades laborales. Los principales resultados se presentan en los siguientes apartados.

Primera jornada: ser y estar para los hijos y las hijas

Independientemente de la edad que tengan sus descendientes, en todos los casos mencionaron haber invertido el recurso del tiempo en tareas de cuidado. Antes de entrar de lleno en el análisis es necesario aclarar que existen dos perspectivas desde dónde se define el cuidado, por una parte, hay quienes lo consideran como todas las tareas asociadas al bienestar general de los dependientes, familiares o personas de las que uno se hace cargo, esto incluye el alimento, el vestido, la limpieza, las actividades domésticas y toda la gestión de la vida cotidiana (García, 2019). Una segunda perspectiva lo refiere únicamente a las tareas que se desempeñan, de manera directa y personal, para y por el bienestar físico, psíquico y emocional de quien se tiene a cargo (Mayobre y Vázquez, 2015). En este artículo se opta por la segunda postura, esto es, analizar diferenciadamente las actividades relacionadas con el cuidado de aquellas que competen al trabajo doméstico, ya que, como se expondrá más adelante, tienen sus particularidades.

Ahora bien, social y culturalmente las tareas de cuidado han sido adjudicadas a las mujeres por la falsa creencia de que ellas poseen una “naturalidad” para atenderlas, Lagarde afirma que son las féminas quienes cuidan de los otros, desde estar al tanto de su bienestar y su desarrollo a lo largo de su vida e incluso en su muerte (Lagarde, 2003). Hoy en día, gracias a los esfuerzos del feminismo, el carácter natural de la maternidad se ha discutido y se afirma que el saber innato de las mujeres para el cuidado de la prole no es más que “una idea social construida” (Weinberg, 2011 citada por Ávila, 2017, p. 257); además de que se han lanzado esfuerzos nacionales e internacionales para que los varones se involucren y asuman sus responsabilidades en la atención y crianza de los infantes1. En este sentido, las investigaciones demuestran que los padres están dedicando más tiempo al cuidado y crianza, esto ocurre con mayor frecuencia en las generaciones más jóvenes y en los sectores más favorecidos de la sociedad mexicana, en los cuales se ha apostado por una paternidad más responsable (García y de Oliveira, 2001), y se ha dado una apertura para una distribución más igualitaria de responsabilidades de crianza (Craig, 2011).

Como ejemplo está el caso de Daday, un estudiante de la UIA quien tiene tres hijos varones. El primero de ellos no es su hijo biológico, sin embargo, Daday afirma que, desde el inicio de la relación con su pareja, procuró participar en la crianza y cuidado del niño para saber si la relación con él y su madre iba a funcionar:

El primer año de novio en el que anduve con mi ahora esposa, yo me involucré mucho en el cuidado de mi hijo mayor. No vivían conmigo, pero yo me involucré mucho, justo para saber si yo le veía futuro a la relación con el niño o no (Daday, UIA).

Craig (2011) advierte que aun cuando los padres se involucran en el cuidado, si la madre está presente prevalece, hacia ella, una responsabilidad desproporcionada en las tareas, debido a que el padre suele llevar a cabo actividades lúdicas, recreativas y educativas. Por su parte, las mujeres desempeñan cuidados físicos como cambiarles los pañales, asearlos, vestirlos, peinarlos, dormirlos o alimentarlos; aunque el varón pase tiempo con ellos, no libera a la madre del resto de tareas que él no lleva a cabo. Es así como, pese a que los hombres se dedican más al cuidado que en el pasado, esto no representa totalmente un logro puesto que las mujeres terminan invirtiendo dos o hasta tres veces más tiempo en el cuidado de su prole que ellos (Craig, 2011). Para ejemplificar, en México la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (INEGI, 2014) refiere que el promedio de horas dedicadas semanalmente al cuidado de integrantes del hogar que tienen entre 0 y 14 años es de 24.9 para las mujeres y 11.5 para los hombres. La actividad en la que se muestra una mayor paridad entre ambos sexos es la asistencia a juntas, festivales o actividades de apoyo en las guarderías o escuelas, para las cuales las mujeres invierten 2.1 horas, mientras que los hombres 1.9 horas. Por su parte, la actividad en donde existe una mayor diferencia entre hombres y mujeres es estar al pendiente de los infantes, en donde las mujeres pasan 26.2 horas semanales y los varones 14.1.

Otro aspecto para resaltar en cuanto al involucramiento de los varones en las tareas de cuidado es que hay una diferencia entre el tiempo y las actividades que llevan a cabo con sus hijos, la cual está permeada por el factor económico. Siguiendo con el caso de Daday, él es un estudiante que ingresó a la UIA con una edad fuera del promedio (45 años) debido a que ya había concluido previamente otra carrera. Entre su egreso de la primera carrera y el ingreso a la actual, se dedicó a conformar su propia empresa. Ser dueño de su empresa le ha permitido gestionar y tener mayor flexibilidad en su horario laboral, además de mantener un ingreso elevado para solventar los gastos de su familia:

Todos los veranos me voy con ellos de vacaciones, por ejemplo, en diciembre y en algunas otras vacaciones, me voy una o dos semanas con ellos. Para que me entiendas, yo tengo una casa en Orlando y el verano pasado me los llevé tres semanas y ahorita en julio me voy 35 días a Europa con ellos (Daday, UIA).

Una diferencia del caso de Daday es el testimonio de Ángel, quien es estudiante en la UAM-C. Él también es padre de tres menores y, como en el primer caso, su hija mayor no es biológica por lo cual asumió las responsabilidades de paternidad al entablar la relación con su pareja. Sin embargo, Ángel no cuenta con la soltura económica ni la flexibilidad de tiempo que tiene Daday. Él es el único sostén económico de su hogar y, por tanto, además de cumplir con su horario de clases, debe trabajar una jornada de ocho horas, por lo que, aunque quisiera pasar más tiempo con su hijo y sus dos hijas, es muy difícil lograrlo:

Estoy en la escuela de 7 de la mañana a 1:30 y luego trabajo de 2:30 de la tarde a 10:30 de la noche. Y bueno, tengo una hora de comida de la cual utilizo 10 minutos para comer y el resto para adelantar mis tareas (Ángel, UAM-C).

En los varones cobra un fuerte peso la manutención familiar, para ellos resulta prioritaria su situación laboral antes que pasar tiempo con los menores, no necesariamente porque no quieran llevar a cabo las tareas de cuidado, sino porque, de no tener empleo, difícilmente podrán sostener el hogar, mejorar o mantener el estilo de vida que ya poseen. Uno de los testimonios da cuenta de cómo los varones deben decidir qué actividades desempeñar, a cuáles renunciar y cómo llevarlas a cabo:

Sí, la cuestión es que me salí de la escuela. Evidentemente me salí también del corporativo [donde laboraba] porque era un embarazo de alto riesgo, entonces yo intentaba estar lo más cerca posible de la mamá de mi hija para poder cuidarla… ¿o cuidarlas? creo que es el término más correcto. Y por eso, es que decidí optar por un trabajo que me permitiera hacer eso, tener el carro [taxi], estar al pendiente, estar yendo a verlas y toda esta cuestión (Levi, UAM-C).

Si bien ser el sostén económico de la familia es una labor que afirmaron asumir los padres entrevistados, también hubo casos que salen de esta norma. Esto sucede con Marvel, estudiante de la UAM-C, en su testimonio relata que acordó con su pareja que ella asumiría la manutención familiar, mientras él estudiara y hasta que finalizara su carrera, y también que pasaría más tiempo al cuidado del hijo. En su narración están implícitas todas las tareas de cuidado físico y dificultades que tuvo que sortear para atender las demandas del niño:

Hay veces que incluso no te puedes ni bañar porque no lo puedes dejar solo (...). El primer año estuvimos solos y fue pesado, fue muy desgastante, y luego la escuela... fue desgastante (Marvel, UAM-C).

El relato de Marvel, en cuanto a la jornada de cuidado y el tiempo invertido en la atención de su hijo, tiene más similitudes con sus compañeras madres universitarias que con los varones padres. No obstante, también hay que resaltar que, como varón y siendo padre primerizo, se enfrenta a limitaciones que ni sus congéneres ni las madres estudiantes afrontaron, un ejemplo es la alimentación de su hijo de la cual narra lo siguiente:

Algo que para mí fue muy estresante es que yo lo alimentaba, su mamá nos proveía de la leche materna y yo tenía que idear mecanismos para ver cómo lo alimentaba con esa leche materna. Entonces, a veces tenía que congelarla, me tenía que cargar una hielera con hielos. Yo decía en mis talleres, fíjense cómo no hay tecnología pensada para que los hombres alimenten a sus hijos, es totalmente pensado en que las mujeres lo hagan (Marvel, UAM-C).

Ciertamente, como lo afirma Marvel, que los varones inviertan más tiempo en el cuidado no sólo involucra un cambio en cómo se concibe y se asume la paternidad, también conlleva a reflexionar que social y culturalmente la labor de cuidado sigue siendo pensada para que la desempeñen las mujeres, por eso los espacios públicos, los permisos de paternidad o los productos del mercado son limitados para los hombres.

Otra afirmación de los varones es que cuando intentan desempeñar algún cuidado con sus hijos, suelen ser las mujeres quienes se los impiden, generalmente porque suponen que no sabrán hacerlo o que no tienen la misma capacidad de la madre para el cuidado. García y de Oliveira señalan que llegan a ser las propias mujeres quienes ponen los principales obstáculos para que el padre se involucre en el cuidado de los descendientes, pues “no están dispuestas a que se invadan esferas de acción en el cuidado de los hijos que han sido tradicionalmente femeninas” (2001, p.154).

Yo me acuerdo de que, desde chiquito, yo lo cargaba paradito y me decían que así no lo cargara, ese tipo de cosas que no sabes si están bien o están mal, pero yo las hacía (Marvel, UAM-C).

Pasando al análisis de lo que acontece con las madres estudiantes, el primer hallazgo es que ellas asumen la mayoría de las tareas de cuidado. En la narración de sus rutinas hay una descripción minuciosa de cada actividad que hacen por y para sus hijos desde que inicia el día hasta que termina. Así, como señala Lagarde, “el uso del tiempo principal de las mujeres, de sus mejores energías vitales, sean afectivas, eróticas, intelectuales o espirituales, y la inversión de sus bienes y recursos, cuyos principales destinatarios son los otros” (2003, p. 2).

Me levanto temprano, preparo el desayuno, nos vamos los tres (mi esposo y el bebé) al gimnasio (…). Después de repartir los productos que me pidieron, regresamos, comemos, lo baño antes de dormir o en el gimnasio, y lo duermo y ya que está dormido me pongo a hacer mi tesis (Anónima, UIA).

La rutina se complica cuando se es madre de bebés o de niños pequeños, tal como explica Ximena, estudiante de la UIA y madre de una niña de dos años. En su relato expresa las estrategias que tiene que hacer de modo que la niña se ajuste a la dinámica de su madre. Además, su rutina diaria no finaliza cuando la duerme, ella debe administrar su tiempo para continuar con las actividades de la escuela y el hogar.

Luego llega ella [hija] e intento ya no tener tarea, pero es complicado porque a veces estoy muy saturada y es como de mamá, vamos a ver la tele, mamá, vamos a jugar, y yo le digo estoy haciendo tarea, tarea contigo. Entonces se sienta conmigo y agarra sus libros y según ella está leyendo, pero está padre porque me deja hacer tarea y ella se distrae (...). Entonces cuando ella se duerme es de “limpia la casa, haz la tarea…”, me voy durmiendo como a las 11:00 de la noche y así es todos los días (Ximena, UIA).

Otro tema que sale a la luz en las entrevistas es la necesidad de redes de apoyo para el cuidado de sus hijos. Éstas se pueden entender como el entramado social que auxilia a las estudiantes en sus labores diarias para el cuidado y crianza de su prole, esto les permite liberar un poco de su tiempo y poder destinarlo a otros deberes como la educación o el trabajo. Quienes suelen conformarlas son las mujeres de la familia, principalmente las abuelas. Los niños suelen estar al cuidado de familiares mientras su madre permanece en la universidad, no obstante, hay algunos casos en los cuales el cuidado se extiende a otros horarios con la finalidad de que la madre pueda atender sus actividades:

Él [hijo] se desespera, y no quiere y empieza a gritar y grita más fuerte de lo que yo hablo para que me calle. O luego empieza así “¡Ate, ate!” para que me calle, no quiere y lo tengo que dormir o lo tengo que entretener con algo para hacer tarea o me lo tienen que cuidar todo el tiempo mi mamá y también para ella es pesado porque requiere de mucha atención (Berenice, UAM-C).

Si bien las madres estudiantes tanto de la UIA como de la UAM-C afirmaron que en algún momento recibieron apoyo de sus familiares para el cuidado de sus hijos, también es necesario hacer una distinción por institución, pues las estudiantes de la UIA, además de la red familiar, suelen echar mano de estancias infantiles, escuelas de horario extendido o la asistencia a actividades lúdicas, recreativas y deportivas. Cabe señalar que, si bien estas redes les liberan un poco de su tiempo, una vez que el niño termina su actividad son ellas quienes asumen su cuidado.

Después llevo a mi hijo a las clases por la tarde porque hace karate y natación. Luego ya llego, normalmente también ya está mi esposo en la casa y le dejo a mi niño, baño y duermo a mi hija, salgo, baño y duermo a mi hijo y me pongo a trabajar en las cosas del servicio [social] (Liliana, UIA).

Knaul y Parker (1996) afirman que las mujeres de los estratos económicos más altos son quienes más se apoyan de instituciones de cuidado infantil, por lo regular, las mujeres de menores recursos deben cuidarlos por ellas mismas. A sumar que “la provisión de guarderías para los hijos de las mujeres trabajadoras ha sido una política de largo plazo del gobierno mexicano. Así, los servicios disponibles para ese cuidado en el ámbito son accesibles solamente para una proporción muy limitada de la población” (Knaul y Parker, 1996, p. 278). De hecho, ninguna de las dos instituciones (UIA y UAM-C) cuenta con estancias infantiles para el uso de los estudiantes, es por lo que al entrevistar a las madres universitarias fueron las de la UAM-C quienes mencionaron que asisten o han asistido con sus hijos a clases, ya sea porque no cuentan con redes de apoyo, porque sus redes no pueden cuidarles todo el día o porque carecen de la posibilidad económica para solventar una guardería.

Sí, varias veces la he llevado [a la universidad]. De hecho, en ningún momento he tenido que pedir permiso para traerla, yo llego temprano y ocupo el asiento como cualquiera de mis otros compañeros (Tania, UAM-C).

García (2019) afirma que es deber del Estado enfatizar en el cuidado como un derecho humano fundamental y que a las políticas públicas les hace falta entender que las mujeres están cambiando su dinámica de vida. Además, es importante que el cuidado se vea como una responsabilidad de la familia como conjunto y no sólo de manera individual adjudicado a las mujeres (Knaul y Parker, 1996).

Es significativo recalcar que ambas IES cuentan con algunos apoyos para las madres estudiantes2. Las dos universidades tienen lactario, un espacio donde pueden extraer y refrigerar la leche materna; no obstante, a diferencia de las trabajadoras y profesoras universitarias, las estudiantes no cuentan con una hora específica de lactancia y tienen que organizarse para hacerlo en horas-clase, como consecuencia, rara vez utilizan este servicio. Por su parte, al ser una institución pública, a la UAM-C le corresponde otorgar el Apoyo a Madres Jefas de Familia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) el cual está dirigido a las madres estudiantes para que reciban un incentivo económico y continuar sus estudios. Al preguntar a las estudiantes sobre dicho apoyo, ninguna lo había recibido o ni siquiera estaban enteradas de él. Un supuesto de por qué estos apoyos resultan poco benéficos para las madres universitarias es que las iniciativas se desprenden de políticas y leyes federales, las universidades tienen que cumplir con el mandato, pero en la operación hay poca difusión, seguimiento y evaluación del destino o del impacto que tienen en las estudiantes. Es así como las madres universitarias afirman que no es la maternidad la que les complica sus jornadas, sino la suma de las distintas responsabilidades, los mandatos de género que dictan las pautas para la crianza y el cuidado y la falta de apoyos y de empatía.

Segunda jornada: cambiar a la “cachucha” de estudiante

A partir de la década de los sesenta el sistema de educación superior mexicano inicia su periodo de crecimiento acelerado, hasta entonces el universitario promedio se distinguía por pertenecer a las clases sociales más favorecidas, ser joven y varón. No obstante, con la apertura de más IES, también se permitió el ingreso de otros sectores sociales y de mujeres a la educación terciaria, esto significó un cambio no sólo en la matrícula estudiantil, sino que ahora “las mujeres insisten en participar de la vida social más allá del ámbito de la familia” (Buquet, Mingo y Moreno, 2018, p.105). Esta insistencia ha logrado que tengan una mayor escolaridad y busquen permanecer en el mercado laboral, con ello también se han dado otras transformaciones fuera del ámbito escolar. Por ejemplo, las mujeres hoy en día tienen más autonomía para la planificación familiar, se ha desestandarizado el modelo tradicional de familia conformada por la madre, el padre y los hijos; además de que ha habido ajustes en los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres (Régnier-Lolier, 2017). Es a raíz de estos cambios que la maternidad y la paternidad, como objeto de investigación y como tema, empieza a ser de interés para las universidades e instituciones gubernamentales.

Así, si antes se concebía como un inimaginable social que hubiera estudiantes universitarios padres o madres (Régnier-Lolier, 2017), hoy en día algunos investigadores han puesto el tópico sobre la mesa (Sanz, 2010; Castañeda, 2015; Castillo, 2015; Arvizu, 2016; Régnier-Lolier, 2017) y han demostrado la probabilidad de que, antes o durante el curso de la carrera universitaria, los estudiantes tengan hijos. Como dato, las tasas específicas de fecundidad (INMUJERES, 2018) demuestran que los grupos etarios donde se registra el mayor número de hijos nacidos vivos por cada mil mujeres son los que van de 20 a 24 (124) y de 25 a 29 (114.8), edades que se cruzan con las estimadas para estudiar una carrera universitaria. Esto da pauta para coincidir con autores como Pries (1996); Coubès y Zenteno (2004), quienes refieren que existe una flexibilización y desinstitucionalización3 del curso de vida. De esta manera, las madres y padres estudiantes pueden seguir distintas rutas biográficas sin un orden particular, como suspender o regresar a la educación, postergar o adelantar la entrada laboral, tener más de un hijo, entre otros eventos. Un ejemplo en esta investigación es el caso de Ángel quien antes de sus estudios se dedicó a laborar y a formar su familia, tiempo después decidió hacer el examen de ingreso para la universidad:

Trabajaba en una universidad, estaba en el departamento de limpieza, fue mi trabajo durante siete años. Cuando nació mi último hijo hice un examen para ascender a un puesto en la facultad de ciencias químicas, entonces lo aprobé y me quedé en ese puesto (...). Y de tener una relación más con los estudiantes fue cuando dije “me gustaría estudiar la universidad, seguir, seguir con mis estudios”. Tardé todavía, aproximadamente, cinco años en lo que ya me decidí a hacerlo (Ángel, UAM-C).

De hecho, ninguno de los entrevistados de ambas IES, muestran el mismo orden en su curso de vida. Así lo demuestra el relato de Gisel, ella es estudiante y además trabajadora administrativa en la UIA, se embarazó mientras estudiaba y suspendió su carrera 10 años, lapso en el que se dedicó a trabajar y a cuidar de su hijo e hija:

Cuando regresé fue en el año 2010, regresé y fue cuando empecé a trabajar aquí. Entonces cuando empecé a trabajar aquí es cuando empiezo a pensar en volver a retomar mis estudios, con mi hijo que tenía 4 años y mi hija que tenía cerca de 10 años (Gisel, UIA).

Es frecuente que al tener hijos antes o durante la licenciatura, los estudiantes deban suspender su educación. En este sentido, hay quienes lo hacen por largos periodos, como en el caso de Ángel y Gisel, pero también hay suspensiones que son más cortas. El tiempo depende de varios factores, uno de ellos son los recursos económicos, por ejemplo, si necesitan laborar para sostener a la familia o pagar la colegiatura; otro son las redes con las que cuentan para el cuidado de los hijos; hay casos en los que depende de la presión social y familiar que les orilla a destinar más tiempo a una u otra responsabilidad; y para otros estudiantes (sobre todo las mujeres) las suspensiones también se dan por cuestiones de salud derivadas de la maternidad o la paternidad.

Y pasó el semestre, pasó el año... A los 3 meses me puse un poco mal por mi nena y dijimos “pues vamos a suspender ese semestre”, porque tuve una amenaza de aborto y entonces me dijeron [la familia] “¡para! a lo mejor es necesario que descanses” (Gloria, UIA).

Además de optar si continuar o no con la carrera, una decisión adicional es cuánto tiempo dedican a su educación, es por lo que la llegada de los hijos les hace idear arreglos en sus horarios y ajustes en sus rutinas:

Ahorita sólo llevo dos materias porque tengo que cuidar a mi niña, pero anteriormente ¡Seis! ¡Llevaba seis! Más, el primer trimestre, [llevé] el inglés, por eso salía hasta las 4 o 5 pm (Karina, UAM-C).

Investigaciones como la de Arvizu (2016), Castañeda (2015), Castillo (2015) y Sanz (2010) refieren que tener un hijo mientras se cursa la educación terciaria lleva a que las y los estudiantes cambien la distribución de su tiempo, acomoden sus actividades según sus prioridades y se valgan de estrategias para continuar y culminar la educación superior. Algunas de las tácticas que llevan a cabo es realizar las tareas mientras sus hijos duermen, leer y adelantar trabajos en los traslados o en los ratos libres de su jornada laboral, adelantar asignaturas antes del nacimiento del hijo4, reducir las horas de sueño, hacer arreglos con el profesorado para negociar las fechas de entrega, solicitar el apoyo de familiares o amistades. Algunas de estas tácticas están explícitas en el testimonio de Karina quien, para no suspender sus estudios cuando nació su hija, debió ingeniarse una manera para entregar sus trabajos finales:

No, de hecho, iba a nacer en vacaciones y se adelantó, nació en la última semana de clases y tuve que pedir permiso a mis maestros para entregar mis trabajos finales. (...) Recién salida del hospital, con cesárea y todo, estuve trabajando con la computadora para entregar mis trabajos finales. Vendada, todavía con medicamentos y todo, ahí estaba, y cuando ya me dolía la cabeza yo le decía a mi esposo “¿sabes qué? yo te dicto, tú escribe, escribe”. Y cuando él tenía que hacer otras cosas o se tenía que ir a trabajar, le decía a mi hermano en cuanto llegaba ¡ayúdame, ayúdame!, y él escribía, él redactaba y todo (Karina, UAM-C).

Al entrevistar a los estudiantes de ambas instituciones también comentaron que se sienten en desventaja con el resto de sus compañeros por no tener el tiempo suficiente para realizar otras actividades académicas como asistir a conferencias, congresos, cursar idiomas, visitar museos o ir a eventos culturales. En el caso particular de la UIA es frecuente que se le pida hacer viajes académicos, en específico para la UAM-C es obligada la movilidad académica para todas las carreras. Estos requisitos demuestran cómo las IES aún no consideran la probabilidad de que sus estudiantes tengan otras condiciones y obligaciones y que no todos tienen la posibilidad de cumplirlos.

De movilidad pues yo me quisiera ir a Chile ¿no? Pero bueno, también volteo para otro lado y está mi hijo, entonces yo digo, no sé… o sea son tantas mis ganas, pero también estar con él. En lo personal, me dicen muchos “pues es que vete, nada más son 4 o 5 meses ¡vete!”, pero para ellos es muy fácil y para mí no (Julia, UAM-C).

Aunque, como se ha expuesto, al ser padre o madre los estudiantes suelen contar con menos tiempo para atender sus actividades académicas, como lo han encontrado otras investigaciones (Castañeda, 2015; Castillo, 2015; Arvizu, 2016), los entrevistados afirmaron que tener descendencia se vuelve un incentivo para mantenerse en la educación y buscar grados académicos más altos. En algunos casos relataron que, luego del nacimiento del bebé, mejoraron su rendimiento académico.

Yo pienso en hacer la maestría porque a mí, más que el dinero, me preocupa el tiempo, porque yo cuando estaba trabajando me absorbía mucho tiempo y es que a mí sí me gusta mucho mi paternidad, me gusta estar con mi muchacho, me gusta hacer las cosas con él, que ensucie… o sea, esas cosas yo sí las disfruto (Marvel, UAM-C).

Son conscientes de las dificultades que tendrán que sortear, pero también de los satisfactores que, de alguna o de otra manera, reciben tanto de la educación como de su familia. Aunque haya que cambiar de una “cachucha” a otra, asumir más responsabilidades, invertir o restar tiempo, uno de los motivos por el cual las y los estudiantes perseveran y desean titularse es por sus hijos.

Tercera jornada: sustentar a la familia

Raldúa define al trabajo como “la producción y la reproducción de las condiciones materiales de vida” (2001, p. 100), García (2019) añade que la noción de trabajo incluye cualquier producción de bienes o prestación de servicios ya sea para el autoconsumo, para el beneficio de otras personas o para los hogares. En la definición de trabajo se distinguen las labores remuneradas, las cuales involucran el tiempo que una persona destina a las tareas por las cuales recibe un salario; y las no remuneradas, que comprenden el tiempo invertido en acciones por las cuales no se recibe una paga. Actualmente vivimos una desregulación de las condiciones y formas laborales (García y Pacheco, 2014), por lo que hay personas que realizan actividades sin recibir una paga económica, estas nuevas formas “laborales” complejizan aún más definir el trabajo no remunerado. No obstante, para este texto se toma la definición de trabajo no remunerado que lo asimila con las labores del ámbito doméstico y el cual, afirma García, es un elemento indispensable “que garantizan la reproducción social y el bienestar de las personas, pero que recaen principalmente sobre las mujeres” (2019, p. 240).

Ahora bien, un antecedente de las transformaciones en el trabajo en nuestro país ha sido el ingreso de las mujeres al mercado laboral remunerado, el cual tuvo un despliegue a partir de la década de los 80 (Rendón, 2001) a consecuencia de múltiples factores, uno de ellos fue la disminución de la fecundidad (García y de Oliveira, 2001). De hecho, entre los grandes logros de los movimientos feministas que se gestaron desde los años sesenta, estuvo brindar más información a las mujeres acerca del uso de los métodos anticonceptivos, así como de la importancia de su contribución en los espacios extra domésticos y, con ello, recalcar que la maternidad no es una forma de “realización”, un “complemento” o el destino único de las mujeres (Ávila, 2017). Aunado a ello, como ya se expuso, se dio la apertura para que las mujeres ingresaran al espacio educativo. Otro factor que ha transformado las condiciones laborales son las desigualdades y crisis económicas que históricamente han aquejado al país, esto ha orillado a que más integrantes de las familias busquen obtener ingresos para apoyar al gasto de los hogares. Asimismo, un último factor es que se ha incrementado el número de hogares con jefatura femenina, esto significa que las mujeres son responsables de la manutención de la familia, pero también del cuidado de ésta.

Aun con los cambios en las condiciones, espacios y mercados laborales, actualmente las encuestas nacionales siguen arrojando resultados diferidos por sexo en cuanto al uso del tiempo laboral de hombres y mujeres. Así lo muestra la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (INEGI, 2014), en la cual las mujeres tienen una tasa de participación de 62.9% en el mercado remunerado y destinan, en promedio, 33 horas semanales a su empleo; mientras que para los varones incrementa la tasa de participación a 82.9% al igual que las horas destinadas a la semana, que son 52.4. A su vez, el trabajo no remunerado propio del hogar tiene una tasa de participación de 99.4% de mujeres y 95.7% de hombres, la diferencia más pronunciada está en el promedio de horas semanales invertidas en dichas tareas: 29.8 que destinan las mujeres y 9.7 de parte de los varones. Coincidentemente se encuentra que con los estudiantes de ambas instituciones este patrón se replica, los hombres son quienes, además de los estudios, llevan a cabo actividades laborales remuneradas; por su parte, las mujeres madres invierten su tiempo en trabajo no remunerado en su hogar, tal como lo señala el siguiente testimonio:

Pues yo me dedico a cuidar a la niña y él nos apoya con la manutención y también, cuando puede, a cuidarla (...) Él se hace cargo de los gastos. Él tiene dos trabajos, en uno entra a las 9:00 de la noche y sale a las 5:00 am, y entra a las 9:00 am al otro y sale a las 3:00 pm (Karina, UAM-C).

En el caso de los estudiantes que son padres llevan a cabo sus jornadas laborales después de clases. Como se mencionó, para ellos el peso de la manutención cobra fuerza, los motiva a no abandonar su empleo por el “deber” de llevar el sustento a la familia. En específico los estudiantes de la UAM-C, se enfrentan a la disyuntiva de pasar tiempo con su familia o continuar estudiando, tal como lo narra Ángel quien afirma que combinar los roles de padre, estudiante y trabajador, ha sido extenuante:

Es muy difícil también decir “dejo el trabajo”, entonces ¿qué voy a hacer? ¿cómo voy a salir? ¿cómo voy a mantener a mi familia? Pero de eso depende también mi estudio y a la vez digo ¿y si dejo la escuela, entonces para qué tanto tiempo de estar ahí? no tiene sentido... El problema para mí que es más grande, es tratar de llevar de la mano la familia, lo que ellos están haciendo, saber que también está correcto (Ángel, UAM-C).

Además, deben buscar empleos que les permitan no descuidar su educación. De este modo, como lo afirman García y Oliveira, cuando hay una presión por mantener o tener un ingreso “aceptan ocupaciones escasamente remuneradas o crean su propio empleo” (2001, p. 140). Es así como buscan más de un trabajo de medio tiempo, temporal o de fines de semana, y es muy común que tengan una menor paga y nula seguridad laboral:

El taxi lo dejé y me fui a trabajar a un bar como personal de seguridad y de ahí conseguí otro empleo, o sea el bar era en las noches y el otro empleo era en las mañanas, en una cafetería. Trabajaba tanto de noche como de día, por lo menos de jueves a sábado trabajaba en las noches, ya el domingo era todo el día estar dormido, despertaba por un lapso de una o dos horas y era otra vez dormir (Levi, UAM-C).

No es el mismo caso el de Daday de la UIA, quien tiene mayor soltura económica. Este beneficio le da la posibilidad de tener empleados para que asuman algunas de sus actividades como trasladarlo a la oficina, preparar los alimentos, cuidar a los niños, trabajar en su negocio, entre otras:

Yo ya no tenía la necesidad de venir a trabajar. Afortunadamente esto [la empresa] ha generado para mí un ingreso suficiente que me da la posibilidad de viajar, de no estar aquí al pendiente (...). Y pues se me hace fácil porque tengo el ingreso ya asegurado, yo tomo el dinero que necesito para mis gastos cuando quiero. Tengo dos muchachas y un chofer que me ayudan a mí y a mi esposa con mis tres hijos, a transportarlos y alimentarlos y están ahí con ellos (Daday, UIA).

García afirma que en México “se ha comprobado que en los hogares más pobres la carga de trabajo es mayor al compararla con otros estratos de ingreso” (2019, p. 251). Tal como se aprecia en el relato de Daday, el uso y la distribución del tiempo tiene una estrecha relación con la posición económica que ocupa y es justamente la condición económica la que le permite tener más tiempo para invertir en otras actividades.

Ahora bien, Knaul y Parker afirman que “las familias mexicanas con madres trabajadoras tienden a combinar una variedad de estrategias de empleo y de cuidado infantil familiar y no familiar” (1996, p. 585). Rendón complementa la idea aseverando que, a pesar de estas estrategias, hay un reconocimiento escueto del trabajo que realizan las mujeres en los hogares. En el mismo sentido, Lagarde (2003) argumenta que, a pesar de que las mujeres terminan renunciado a sus propios intereses y beneficios como costo del trabajo no remunerado que realizan, no se da el suficiente valor a sus actividades. Además, en el ámbito extra doméstico también son las féminas quienes están en una situación desventajosa, generalmente desempeñando ocupaciones irregulares o de tiempo parcial dado que asumen un doble trabajo con las tareas del hogar porque malamente se les sigue considerando como “deberes femeninos (2001, p.167).

Y en cuanto al trabajo, a mí me encanta maquillar, entonces me metí a cursos de maquillaje para certificarme. Entonces me puse maquillar y la verdad eso está muy bien porque los fines de semana son cuando yo maquillo (Mariana, UIA).

Otro tema en cuestión de género es que cuando los hombres se involucran en las tareas domésticas o de cuidado de los hijos, las mujeres suelen verlo como una “ayuda” y no como una obligación de rutina, de este modo, ellos únicamente cooperan, pero no asumen toda la responsabilidad (Craig, 2011).

Mientras, a veces, mi esposo me ayuda a hacer el desayuno, otras veces se queda dormido porque también él trabaja mucho (Berenice, UAM-C).

Así, a pesar de la inclusión de las mujeres al trabajo remunerado, hoy por hoy persisten las desventajas ante los varones, no sólo en la inequidad salarial en puestos iguales y con la misma carga laboral, sino en las políticas públicas escuetas dirigidas a deslindar a las mujeres del trabajo doméstico y de crianza, involucrar a los varones para asumir estas responsabilidades u ofrecer programas de apoyo para dichas tareas. ¿Esto quiere decir que no ha habido logros en cuanto a liberar a las mujeres del trabajo no remunerado? De hecho, las investigaciones sí han encontrado modificaciones en el involucramiento de los hombres en los quehaceres domésticos, pero con ciertas condiciones (García y de Oliveira, 2001). Por ejemplo, si la mujer tiene participación económica en el hogar es más probable que su pareja se responsabilice de más tareas en casa o que ellas mismas lo exijan, a diferencia de aquellas mujeres que se dedican exclusivamente al trabajo doméstico y, en cuyos casos, el involucramiento de la pareja será menor.

Yo decía ¿por qué yo tengo que hacer la limpieza y él no? ¿por qué yo tengo que hacer esto y él no? y es cuando dije sí me voy a ir, necesito crecer y él [pareja] es un lastre que no me está dejando ir porque no ve tan importante su carrera como la mía y no es así... (Celeste, UAM-C).

Una situación importante es que los horarios de las jornadas laborales coinciden con los de atención hacia los hijos. Knaul y Parker (1996) analizan cómo el tipo de empleo y el sector laboral tienen una fuerte incidencia en que las mujeres y hombres se involucren en las tareas de crianza y cuidado. Para los estudiantes, padres y madres que además laboran, el tipo de empleo es un factor que los lleva a idear estrategias que les permitan atender su triple rol, de esta forma, es todo un complejo de actividades diarias que tienen que estructurar para establecer sus itinerarios cotidianos.

Pues mira, la verdad era mamá de fin de semana ¿en qué sentido? pues mi horario de trabajo dependía de las materias que metes. La mayor carga la tenía en materias en la tarde y pues no cambiaban mis horarios, venía a trabajar de 7 de la mañana a 3 de la tarde, y ya tomaba mis materias por la tarde (Jennifer, UIA).

Finalmente, el gasto económico es una de las principales preocupaciones de las madres y padres universitarios. Como ejemplo, los estudiantes de la UIA deben pagar cuotas muy elevadas de inscripción y pagos semestrales5; en el caso de la UAM-C, aunque las cuotas son mucho más reducidas6, estudiar una carrera implica gastos en materiales, transporte, comida, libros y demás que, cuando se tienen hijos, suelen ser difíciles de solventar. De hecho, son los estudiantes de la UAM-C quienes con mayor frecuencia viven presión económica, pese a que algunos cuentan con familiares que les auxilian para cubrir sus gastos, el apoyo no suele ser suficiente. Es así como tener un ingreso económico es prioritario para estos estudiantes y, si el tiempo no les da para tener un trabajo fijo, buscan dedicarse al comercio informal vendiendo comida, dulces o distintos productos en la universidad.

Conclusiones

La condición de ser madre o padre establece diferencias en estos estudiantes con el resto de sus compañeros que no tienen hijos. En primer lugar, porque deben atender responsabilidades tales como la crianza y el cuidado de la prole, y otras que derivan de este evento de vida, por ejemplo, conseguir un empleo o administrar el hogar. Pero, si bien ser padre o madre es un factor que influye en el manejo del tiempo, no es el único, a esto se suman desigualdades de género, institucionales, de posición económica y social, que los llevan a rendir, administrar y agotar su jornada entre el cúmulo de tareas del ámbito familiar, escolar o laboral. Por tal motivo, sus trayectorias educativas y cursos de vida no siguen una linealidad, sino que se dirigen a distintos rumbos; es por lo que, desde el ámbito de las IES, es necesario reconocer que no todos sus estudiantes tienen los mismos recorridos académicos. Es así como el principal aporte de este artículo es mostrar que los estudiantes de la educación superior pueden tener diversas condiciones en su curso de vida, por lo que hacer embonar a todos en un mismo molde de estudiante “ideal” es cerrar las puertas a la heterogeneidad y complicar el tránsito educativo de quienes ya están dentro y no se apegan a este modelo.

Otra conclusión que se obtiene a partir de los relatos de las madres y padres estudiantes es que el uso del tiempo se basa en la distribución sexual del trabajo, en donde cobran peso los mandatos sociales de género para la maternidad y la paternidad, y que esto acontece en ambas instituciones de educación superior, tanto la pública (UAM-C) como la privada (UIA). Por una parte, los varones siguen apremiando ser cabeza de familia y mantener el hogar, por ello que su presión más fuerte es lo laboral, además de que se empeñan en culminar una carrera por el beneficio que les puede dar el título universitario, aunque esto los lleve a restar tiempo de dedicación a los hijos. Por su parte, las madres estudiantes invierten más tiempo al trabajo de cuidado y crianza, y también son ellas quienes asumen los quehaceres domésticos. De este modo, hay una coincidencia con Craig cuando afirma que una tarea pendiente, tanto del feminismo como de las instituciones, es “equilibrar las necesidades de crianza de las hijas e hijos y las necesidades de independencia de las mujeres” (2011, p. 100). Para estas estudiantes permanecer en la educación superior es una forma de librarse de algunos mandatos tradicionales de género, por eso, un tópico que se anota para la agenda de investigación y que no se pudo abarcar con este estudio, es pensar cuál es el papel que juegan las IES como reformadoras de los patrones de género. De antemano se sabe que esto no es tarea única de las universidades, pero que sí se pueden gestar cambios desde ellas a partir de la generación y divulgación de conocimiento, con los esfuerzos institucionales y estudiantiles.





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Notas al pie:

1.

fn1Tales como la Escuela para Padres o la Campaña de Paternidad “Man Care América Latina”.

2.

fn2Los apoyos específicos para estudiantes con hijos brindados por ambas instituciones sólo están dirigidos a las mujeres.

3.

fn3 Pries (1996) refiere que la “institucionalización del curso de vida” consiste en delimitar algunas fases de la vida según el comportamiento demográfico, sin embargo, los cambios demográficos y sociales han modificado las diferencias temporales en que se lleva a cabo uno u otro episodio en la biografía de las personas.

4.

fn4En el caso de la UAM-C se pueden cursar asignaturas de otros trimestres siempre y cuando no lleven una seriación. Por su parte, la UIA tiene una modalidad a la que le llama “semestre de verano” dura unas cuantas semanas en las que el estudiantado puede adelantar asignaturas o reponer algunas.

5.

fn5El pago semestral de la UIA llega a los $155,065 pesos mexicanos, 7,900 USD aproximadamente.

6.

fn6Un trimestre en la UAM-C para estudiantes mexicanos cuesta $192 pesos mexicanos, lo que es menos de 10 USD.


fn8CÓMO CITAR: Arvizu, Alma. (2020). Administrar, rendir y agotar el tiempo. Las jornadas de madres y padres universitarios. Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México, 6, e478, dossier Género y Trabajo. doi: http://dx.doi.org/10.24201/reg.v6i0.478


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