Ni madre, ni esposa. Mujeres indígenas de Amatenango del Valle, Chiapas, México

Bárbara Carolina Linares Bravo¹*Austreberta Nazar Beutelspacher²Emma Zapata Martelo³

El Colegio de la Frontera Sur, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, email: bclinares@ecosur.edu.mxEl Colegio de la Frontera Sur, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, email: anazar@ecosur.mxColegio de Postgraduados, Montecillo, Estado de México, México, email: emzapata@colpos.mx

Correspondencia: *. Autora para correspondencia: E-mail:
* Sobre las autoras

Bárbara Carolina Linares Bravo es doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable con orientación en Salud, Equidad y Sustentabilidad por el Colegio de la Frontera Sur. Investigadora adscrita al Colegio de la Frontera Sur. Sus líneas de investigación son género, salud reproductiva y no maternidad.

Austreberta Nazar Beutelspacher es doctora en Estudios del Desarrollo Rural por el Colegio de Postgraduados. Investigadora de tiempo completo en el Colegio de la Frontera Sur. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores Nivel III. Sus líneas de investigación son género y salud con énfasis en salud reproductiva, políticas de salud y población, calidad de vida.

Emma Zapata Martelo es doctora en sociología por la Universidad de Texas, en Austin, Texas, Estados Unidos de América. Es profesora e investigadora en el Colegio de Postgraduados, Campus Montecillo, México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores Nivel III. Sus líneas de investigación son género y mujer rural.




Resumen

Este estudio explora, a partir de veinticuatro entrevistas semiestructuradas, las condiciones y motivaciones de las mujeres indígenas de Amatenango del Valle quienes, de manera voluntaria o circunstancial, permanecen sin hijos/as a lo largo de su vida reproductiva. La violencia de pareja, presente bajo múltiples formas, es una de las principales razones por las que las mujeres entrevistadas manifiestan su negativa a la conyugalidad. El costo de no unirse conlleva, en algunos casos, el rechazo a la maternidad. Los roles de género que deben cumplir las mujeres-esposas-madres, reflejados en la sobrecarga de trabajo, la constricción de la distribución del tiempo propio, e incluso la limitación del espacio de acción y de sociabilidad, son otras de las consideraciones comúnmente razonadas al momento de elegir no ser madre y no ser esposa. Finalmente, se observó que el acceso a la obtención de recursos monetarizados abre las posibilidades para elegir ser madre, ser esposa, o no serlo, y trazar con ello, desde las propias condiciones objetivas y subjetivas, un proyecto de vida.

Recibido: 02-2019; Aceptado: 06-2019

Revista interdisciplinaria de estudios de género de El Colegio de México, 2019

Palabras Clave: No maternidad, nuliparidad, sin hijos, no conyugalidad, fecundidad indígena, soltería.
Key Words: Non maternity, childless, childfree, nulliparas, indigenous fertility, non conjugality.

Introducción

Maternidad y no maternidad

Al construirse social y culturalmente como eje de su condición de género, la maternidad históricamente ha jugado un papel trascendental en la vida de las mujeres. Asociada con la feminidad, la maternidad define el deber del ser mujer en casi todas las culturas (Lagarde, 2011; Palomar, 2005; Lamas, 2004), donde diferencias biológicas entre los sexos, legitiman desigualdades sociales, implicando la diferenciación en las normas que rigen las actividades, comportamientos y expectativas para cada género (Annas, 1996).

El enfoque feminista, cuestionando la asociación natural e ineludible de las mujeres con la maternidad (Quintal, 2001), ha demostrado que ésta no es un hecho natural, sino una construcción social, y que como tal, es determinada históricamente (Asakura, 2012; Lagarde, 2011; Palomar, 2005; Sánchez, 2003; Badinter 1981). Sus hallazgos dan cuenta sobre cómo la maternidad se construye en función del cuidado a los otros, y se modela por las formas sociales de producción y reproducción (Lagarde, 2011), siendo estructuralmente regulada por normas culturales, políticas y económicas, así como por diferentes instituciones sociales y estatales, favoreciendo la reproducción ideológica del orden social y de género (Shimada, 2003).

La obligatoriedad del ideal reproductivo, hasta nuestros días se concreta a partir de las presiones sociales e institucionales, explícitas o implícitas, que encierran los mandatos morales del deber del ser mujer. En México, se han documentado diferentes formas coercitivas hacia el ejercicio de la maternidad, mostrando que esta coacción hacia las mujeres para ejercer la maternidad, por un lado, cuestiona la supuesta vocación natural e instintiva a ésta, y por otro, revela una compleja relación de las mujeres hacia un proceso tan mitificado y naturalizado como lo es la maternidad (Gómez y Tena, 2018; Muñiz y Ramos, 2018; Gillian, 2011; Ávila, 2005 y Quintal, 2001).

En la práctica, la naturalización de la maternidad como definitoria de la feminidad es puesta en jaque por las mujeres que a lo largo de su vida permanecen sin hijos/as. Las nociones acerca de la vocación natural y el instinto maternal se ven cuestionadas en los hechos cuando las mujeres no desean ser madres. La no maternidad señala que es posible ser mujer, ser fértil y no tener hijos/as, demostrando que, si bien todas las madres son mujeres, no todas las mujeres son madres, ni necesariamente desean serlo (Caporale, 2004).

En las sociedades patriarcales, la condición de ser madre y ser esposa consiste para las mujeres en vivir de acuerdo con la norma de ser para los otros a través de la realización de las actividades de reproducción biológica y social. Desde la normatividad hegemónica, por un lado, ser mujer y no ser madre atenta contra la naturaleza, y, por otro lado, ser mujer adulta y no tener esposo le imposibilita para existir social e individualmente (Lagarde, 2011). En este sentido, si la norma de género señala que cada mujer adulta debe unirse conyugalmente con un hombre y tener descendencia, el discurso se tensa cuando en la práctica muchas mujeres no se unen y no son madres.

El estudio de la no maternidad, distingue su forma involuntaria o circunstancial, referente al hecho de no poder ser madre, independientemente del deseo o la voluntad de serlo, de la forma voluntaria o elegida, mediada por la elección de las mujeres a no tener hijos/as. Se revela como un complejo proceso donde además del entorno sociopolítico y la subjetividad, influyen aspectos materiales como la moderna anticoncepción y el acceso al aborto, altos niveles de escolaridad e intensa participación en el ámbito laboral (Blackstone, 2014; Gobbi, 2013; Keizer et al, 2008; Carmichael y Whittaker, 2007; Koropeckyj-Cox y Pendell, 2007).

Una exploración cuantitativa de la no maternidad en México, señaló que ésta no es exclusiva de las sociedades privilegiadas, registrando también altas proporciones de mujeres adultas sin hijos/as bajo condiciones desfavorables, relacionadas con bajos índices escolares y escasa actividad laboral, perteneciendo muchas de ellas a entidades con altas proporciones de población rural e indígena (Linares et al, 2017).

Sin embargo, las investigaciones sobre no maternidad han seguido la tendencia a centrarse en las experiencias de mujeres urbanas, principalmente de estratos sociales medios y altos, imposibilitando con ello documentar la diversidad de formas que adquiere la no maternidad en los distintos contextos del país, encontrando que hasta ahora, las experiencias de mujeres sin hijas/os pertenecientes a ámbitos rurales e indígenas aún no han sido suficientemente visibilizadas.

Objetivos y Métodos

Con la intención de contribuir con los estudios sobre no maternidad y visibilizar su práctica entre las mujeres indígenas y rurales en México, este trabajo explora el ejercicio de la no maternidad1 en mujeres indígenas de Chiapas. A partir de observación participativa y entrevistas semiestructuradas, se documentan las motivaciones y experiencias de las mujeres indígenas de Amatenango del Valle, Chiapas, que, voluntaria o circunstancialmente, han permanecido, o esperan permanecer, sin hijas/os a lo largo de su vida reproductiva.

Siguiendo a Vázquez (2010), quien señala que el comportamiento reproductivo de la población indígena debe ser analizado en su contexto social, el trabajo de campo se llevó a cabo en la cabecera municipal de Amatenango del Valle, de mayo a julio del año 2018. Después de presentar los objetivos de la investigación y obtener el consentimiento de las autoridades (municipales y de salud), se iniciaron las visitas diarias a la comunidad.

Las reuniones formales e informales con las autoridades y personal de salud permitieron constatar, desde su experiencia, la magnitud y frecuencia de la práctica de no maternidad en la localidad, así mismo dieron a conocer su posición y explicación ante la temática. Inicialmente las autoridades de salud funcionaron como el vínculo con las primeras entrevistadas; posteriormente, la presencia cotidiana de las investigadoras en la comunidad, el bilingüismo de la mayoría de la población2, y la confianza de las personas, facilitó la observación participante en distintas actividades cotidianas y ceremoniales, charlas formales e informales que permitieron identificar algunos elementos contextuales y culturales de la vida en la comunidad; así como dar a conocer la investigación con la población, e identificar a las mujeres interesadas en participar en el estudio con sus testimonios y experiencias. Se entrevistaron a mujeres de mediana edad sin hijos/as, y jóvenes que manifestaron abiertamente su intención de permanecer sin descendencia. De las 24 mujeres entrevistadas: 12 son mayores de 40 años, 8 tienen entre 35 y 40 años, y 4 tienen entre 28 y 30 años. Las entrevistas privilegiaron la trayectoria de vida de las mujeres no madres, a partir de los testimonios y experiencias contadas por las protagonistas se buscó identificar algunos elementos objetivos, subjetivos y estructurales bajo los que construyen su no maternidad, así como conocer las motivaciones, circunstancias y razonamientos por los que han permanecido o permanecerán sin hijas/os a lo largo de su vida reproductiva.

La selección de la muestra fue no probabilística, el número de entrevistas siguió las observaciones de Hernández et al. (2006), determinando el número de casos a partir de la saturación de categorías, dada cuando los casos nuevos no aportaron información novedosa a los objetivos de la investigación. Las entrevistas se realizaron en español, tuvieron una duración de entre 30 y 60 minutos; éstas se llevaron a cabo en el horario y lugar elegido por las informantes, principalmente eligieron los patios de sus casas, mientras trabajaban en la alfarería, o en el lugar donde comercializan sus artesanías. Sólo dos entrevistas se llevaron a cabo en la plaza central y una en el atrio de la iglesia.

Resultados y discusión

Contexto sociodemográfico

En Chiapas, una de las entidades con mayores proporciones de población indígena, el porcentaje de mujeres indígenas de 40 o más años sin hijos/as supera los valores de las mujeres no indígenas en la entidad, y en el país (cuadro 1).

Cuadro 1.

Distribución porcentual de mujeres de 40 o más años sin hijos/as, según condición étnica. Chiapas, México. 1990, 2000 y 2010.


Entidad Población indígena* (%) Año censal Mujeres de 40 o más años sin hijos/as
Total Indígenas (%) No indígenas (%)
2010 7.3 6.1 7.3
Nacional 6.7 2000 7.2 6.5 7.3
1990 7.8 7.2 7.9
2010 5.9 8.3 5.1
Chiapas 27.2 2000 6.1 9.1 5.2
1990 6.4 9.1 5.5

TFN1* Porcentaje de población de 5 o más años hablante de alguna lengua indígena. INEGI, 2010. Fuente: Elaboración propia con datos del INEGI 1990, 2000 y 2010.


De acuerdo con el último Censo de Población y Vivienda (2010), Amatenango del Valle es el municipio de Chiapas con las más altas proporciones de mujeres de 40 a 49 años sin hijos/as, siendo uno de los municipios indígenas donde históricamente se ha llevado a cabo la no maternidad, en tanto, los tres últimos censos señalan una tendencia creciente de mujeres de 40 a 49 años sin hijos/as, presentando proporciones mayores que la media estatal y nacional (figura 1).


[Figure ID: f1] Figura 1.

Distribución porcentual de mujeres de 40 a 49 años sin hijos, según año censal. México. Chiapas, 1990-2010.


  —Fuente: Elaboración propia con datos del INEGI 1990, 2000 y 2010..

Las altas proporciones de mujeres sin descendencia que no están unidas conyugalmente muestran que en Amatenango del Valle existe una importante asociación entre no ser madre y no ser esposa. La razón de masculinidad entre hombres y mujeres en edad reproductiva durante las décadas de juventud de las mujeres de 40 a 49 años, constata que la no unión conyugal dista de relacionarse con aspectos migratorios u otros fenómenos que alteren el equilibrio poblacional y repercuta en la estabilidad del mercado matrimonial local (cuadro 2).

Cuadro 2.

Proporción de mujeres de 40 a 49 años sin hijos/as y condición de no unión conyugal. México, Chiapas 1990-2010.


Municipio Mujeres de 40 a 49 años sin hijos/as Población migrante1 Razón de masculinidad 15-39 años3
Total Solteras (%)
1990 2000 2010 1990 2000 2010 1990 2000 2010 1960 1970 1980
Nacional 6.7 6.8 7.9 64.9 68.8 68.7 5.2 4.6 4.4 94.8 95.3 95.2
Chiapas 5.3 5.5 6.5 51.4 60.6 69.7 2.0 1.5 1.7 95.7 94.9 99.3
Amatenango del Valle 8.9 14.9 20.1 43.8 42.4 78.9 0.0 0.0 0.1 88.8 87.0 93.0

TFN21Proporción de la población de 5 años y más de edad que, cinco años antes del levantamiento censal, vivían en una entidad federativa distinta.2Número de hombres por cada 100 mujeres Fuente: Elaboración propia con datos del INEGI.


Amatenango del Valle

Género y reproducción social

Amatenango del Valle es uno de los municipios indígenas pertenecientes a la región Altos tsotsil-tseltal del estado de Chiapas. El grupo cultural predominante es el tseltal, siendo también el idioma principal. Las actividades económicas más importantes son la agricultura, la ganadería y la elaboración de artesanías de barro y textiles, pese a ello, cálculos del Consejo Nacional de Población (2010) lo clasifica como un municipio con muy alto índice de marginación, situándolo entre los 100 municipios más marginados del país.

La alfarería es la principal actividad productiva remunerada monetariamente que realizan las habitantes de la cabecera municipal de Amatenango del Valle, quienes comúnmente combinan con el trabajo en la milpa y, en todo momento, con el trabajo reproductivo y de cuidado.

La participación de las mujeres habitantes de la cabecera municipal de Amatenango del Valle está socialmente restringida al ámbito doméstico (espacio reproductivo) y privado (espacio productivo), encontrando excepcionalmente mujeres que inciden en el ámbito público (espacio político), especialmente a través de organizaciones políticas originadas en los movimientos sociales locales, manteniendo con ello una división sexual del trabajo de tipo tradicional, que se muestra ampliamente en la normatividad de género local.

El sistema de género en Amatenango del Valle, también es perceptible en las normas matrimoniales locales, que si bien, son dinámicas y heterogéneas entre generaciones, están delineadas por estructuras de género tradicionales. El arreglo matrimonial local, en su forma más tradicional y menos frecuente en las generaciones más jóvenes, se basa en un acuerdo pactado entre los padres y/o madres, formalizado a través del “intercambio” ritualizado denominado Bocado (conjunto de alimentos y bebidas específicas), si la familia de la mujer casadera recibe lo que llevan los familiares del hombre casadero, se compromete a entregar a la novia para la unión matrimonial, en este tipo de unión, en tanto matrimonio arreglado forzado, no es necesariamente considerada la aprobación de quienes se casan.

Una forma menos tradicional de matrimonio pactado por la aceptación del Bocado, tiene que ver con la unión consensuada, debido a un previo cortejo del hombre casadero hacia la mujer elegible, puede atravesar o no una relación de noviazgo, pero finaliza en el pacto familiar mediante la aceptación del mismo. La forma de unión consensuada y no arreglada por los familiares, es la unión libre, que no siempre se celebra con la aceptación del Bocado.

Actualmente coexisten los diferentes tipos de uniones, siendo más frecuentes las uniones consensuadas. Las uniones arregladas y forzadas marcaron el inicio de la vida conyugal de muchas de las mujeres que ahora tienen mediana y avanzada edad, y son mucho menos frecuentes entre las mujeres más jóvenes, lo que explicaría el incremento en las últimas décadas de mujeres no unidas conyugalmente.

A pesar de las prácticas matrimoniales coercitivas y los roles y expectativas de género tan marcados, en Amatenango del Valle, se encuentra un importante grupo de mujeres que, dentro de sus opciones y elecciones de vida, no está el ser madres y tampoco esposas, sea éste un hecho anhelado o circunstancial.

Mujeres de Amatenango del Valle que no son madres

La información que a continuación se presenta hace referencia principalmente a los testimonios de 24 mujeres sin hijas/os que accedieron a colaborar en esta investigación (cuadro 3). Las entrevistas permitieron conocer de voz de las protagonistas, las diferentes aristas de la no maternidad en Amatenango del Valle, a través de sus experiencias, motivaciones, y preocupaciones, nos acercan al contexto y a las situaciones bajo las que cotidianamente experimentan no ser madres y no ser esposas. Sus testimonios esquematizaron las condiciones que construyen sus opciones, al tiempo que dieron razón a sus decisiones.

Se encontró que el total de las informantes sin hijos/as, nunca ha estado unida conyugalmente, y muestra que la relación entre la no maternidad y la no unión conyugal puede llegar a ser compleja, especialmente si se considera la normatividad de género local.

Edad (años) Estado civil Grados escolares cursados Actividad laboral Religión Fue pedida en matrimonio Quería casarse Quería ser madre
56 Soltera 6 Alfarera Católica Si No No
56 Soltera 9 Alfarera Católica Si No No
53 Soltera 6 Alfarera Católica Si No No
50 Soltera 6 Alfarera Católica Si No No sabe
50 Soltera 3 Alfarera Católica Si No No
49 Soltera 6 Alfarera Católica No Si Si
48 Soltera 0 Alfarera Católica No No No
46 Soltera 4 Alfarera Católica Si No No
45 Soltera 3 Alfarera Católica No No No
44 Soltera 4 Alfarera Católica No No No
43 Soltera 12 Alfarera Católica Si No Si
40 Soltera 3 Alfarera Católica Si No No
39 Soltera 3 Alfarera Presbiteriana Si No No sabe
38 Soltera 4 Alfarera Católica Si No No
38 Soltera 4 Alfarera Católica No No No
38 Soltera 4 Alfarera Católica Si No No
37 Soltera 4 Alfarera Católica No Si Si
35 Soltera 9 Alfarera Católica No Si No sabe
35 Soltera 9 Alfarera Católica No No sabe No sabe
35 Soltera 6 Alfarera Católica No No No
30 Soltera 6 Bordadora Católica Si No No sabe
30 Soltera 9 Alfarera Pentecostal Si No No
28 Soltera 6 Alfarera Presbiteriana No No No
28 Soltera 6 Alfarera Católica No No No

La no maternidad obedeció, por un lado, al deseo explícito de las mujeres a permanecer sin descendencia, y, por otro lado, a las normas de género que prohíben la maternidad separada de la unión conyugal. Para algunas mujeres entrevistadas, el permanecer sin hijos/as es una decisión conjugada con la decisión de permanecer soltera, mientras que para otras, aunque en menor número, la no maternidad ha sido el costo que les ha traído no unirse conyugalmente.

La cercana relación entre la no maternidad y la no unión conyugal se complejiza al considerar las normas matrimoniales locales, en tanto estructurantes de las opciones reales de las mujeres para ser esposas y con ello ser madres. La posibilidad de una mujer para unirse conyugalmente se limitó a ser solicitada, bajo patrones de elegibilidad sexistas normados por el deber ser, que en su forma más rígida conlleva matrimonios y maternidades forzadas, o a la constricción del espacio y la acción que convierte a las mujeres en elegibles. Bajo este esquema, la no unión conyugal, no siempre es voluntaria, encontrándose supeditada a circunstancias externas a las mujeres, basadas en los condicionamientos y la elección del otro, en romper o no la norma.

Los testimonios muestran que las normas matrimoniales constriñen las posibilidades de unirse conyugalmente en caso de desearlo, y con ello, se aleja la posibilidad de ser madre para aquellas que anhelan serlo. En el caso de las mujeres entrevistadas, las que querían tener hijos/as y esposo, estaban solteras porque no las habían elegido como esposas.

“Pues, no sé, la verdad no lo sé, si Dios quiso así, no me asomó ningún novio (…) pues digo que, si quería, pero como no me asomó, pues que haríamos, ni modo que yo voy saliendo a conseguirlo, no, ay no, no” (Soltera, 37 años).
“No ha llegado con quién me case. No, no hay con quien. Es que no hay quien me hable, saber por qué, saber. A ver si encuentro con quién” (Soltera, 35 años)
“Pero lo que pasa como no quiere entrar a pedir permiso, y así no, dice que quiere, pero juntar, sin pedir, huirme, pero como yo no me gustó así, pue la verdad es que mejor no, que quede así (…) voy a quedar tranquila, voy a quedar solita, voy a quedar como limpia, así le dije” (Soltera, 49 años).

Motivos para no querer ser esposa

Las relaciones de género al interior de las familias, especialmente relacionadas con la distribución sexual del trabajo, de las responsabilidades y del poder, explican las motivaciones para no desear unirse conyugalmente. La mayoría de las mujeres entrevistadas habían tenido pretendientes para matrimonio, mismos que fueron rechazando debido a su convicción de mantenerse solteras. Las motivaciones son diversas, pero se relacionan con la percepción de que se vive mejor sin esposo, así como la noción de responsabilidad con la familia de origen, o el plan de quedarse a vivir con sus madres y padres.

“Desde chica, pensé que está bien como estoy dije, si pue, pues sí, y de por sí, si llegó a cumplir” (Soltera, 46 años).
“No sé, creo que sólo no me gustó casarme. No sé, sólo sé que siento bien. No me dio miedo quedarme sin esposo, no sé por qué, solamente no quise. Me siento feliz así” ” (Soltera, 50 años).
“Sí, pensé que no me quería casar pue, me quería quedar aquí con mi mamá” (Soltera, 28 años).

Desconfianza en las relaciones de pareja

La percepción que tienen las mujeres entrevistadas de estar mejor solas que con un esposo, se relaciona con las vivencias familiares o con las experiencias de otras mujeres, pero en todos los casos, las situaciones son delineadas por los roles de género en la familia y las relaciones de poder en la pareja. Para ellas, tener esposo significa una sobrecarga de trabajo, menor libertad para salir, y el riesgo latente de ser violentadas o abandonadas, para estas mujeres, el matrimonio se torna poco atractivo, ya que les representa riesgo e incertidumbre.

“Sí, salió uno (un pretendiente), pero no quiero, no quiero. No me gusta, no sé, veo a las demás que tienen sus esposos pue, hay unos que están buenos, unos que no, unos que no, así es” (Soltera, 56 años).
“Aquí hay muchas mujeres que están dejados, a veces quedan con sus hijos. Por eso le aconsejo a mi hermana, pa que te fuiste sonsa pa qué quisiste tu marido si los maridos sólo puro estar tomando trago, pelean mucho, pero así solita donde quiera nos vamos en Teopisca, donde quiera” (Soltera, 28 años).
“Yo no voy a querer marido porque lo estoy mirando, la gente se dejan, hay veces le dejan abandonado a las mujeres con sus hijas, qué tal voy a salir así yo también, mejor no, así pensé” (Soltera, 30 años).
“Tengo miedo con el hombre, por eso no quise (…) mi papá tomaba mucho y pegaba, se esconde mi mamá, pero como agarra piedra, agarra palo pue, así lo estoy pensando, digamos como tengo novio todavía así lo estoy pensando, será que está bien, será que no, porque lo estoy mirando pue mi papá, sí, por eso no me da ganas, ay así pasó, ya no quise mejor” (Soltera, 49 años).

Violencia de pareja

Los roles de género en la familia, conjugados con las asimétricas relaciones de poder en las parejas, se exponen bajo distintas manifestaciones de violencia y control sobre las mujeres-esposas. De esta forma, el matrimonio se torna menos atractivo, si además de representar una carga adicional de trabajo, se percibe como un espacio de riesgo y restricción espacial.

“No quise, porque estaba en la organización y salía mucho, y si me caso, pensé, no me voy a salir, ya no dejan pue, con hijos tampoco, por eso mejor quedé así libre” (Soltera, 56 años).
“Pensé que quiero estar mejor sola, es que si ya te casaste pue ya es otro trabajo también, ya no puedes salir a caminar sola” (Soltera, 44 años).
“He visto pue a los demás que ya no los dejaban salir, si, si, ya no lo dejaban salir, y así están viviendo pue con problemas, sí. No todos, pero sí, seguro que hay problemas, si” (Soltera, 46 años).

La percepción alrededor del matrimonio como un espacio de riesgo, responde a la experiencia de las mujeres de su propia familia, o bien, por las experiencias de otras mujeres de la comunidad, siendo en todos los casos, un temor fundamentado en la realidad observada por las mujeres entrevistadas o compartida por otras mujeres.

“Creo que no, no dice pue mi corazón que voy a casar, no queremos pue, no, no, si pue, si pue me da miedo que toma trago pue igual, a veces toman pue también, regañan, cuando toman pegan, si pue” (Soltera, 30 años).
“Mi papá pue tomaba y regañaba, pegaba, no quiero un hombre que toma, me quiero quedar con mi mamá” (Soltera, 30 años).
“Aquí muchos hombres son borrachos mejor no, mejor así, pensé” (Soltera, 50 años).
“Hemos pensado que nosotras como mujer, que tal si me lleva, me pegaba o me maltrata, no me quiere o me deja, así es mi pensamiento por eso no lo quise así, por eso no casé” (Soltera, 49 años).

La violencia física al interior de las familias se estructura con base en el género y el parentesco. Las desiguales relaciones de poder en la pareja y el consumo de alcohol como detonante del sexismo exacerbado, normaliza la agresión física de los hombres hacia sus parejas. La violencia en la cotidianidad de la vida de pareja desincentiva a las mujeres jóvenes a casarse, e incluso las confina al papel de protectoras de otras mujeres de la familia como sus madres o cuñadas.

“Pensé que mejor me quedo aquí, voy a quedar con mi mamá, porque mi papá le quiere dañarle cuando toma, le pega pue, llega, le pega, así mejor cuando toma la llevo con una mi hermanita, vete le digo, y yo ahí le doy su comida a mi papá hasta que calme viene” (Soltera, 50 años).
“Cuidándolo también me quedé, cuando se crio mi hermana, ya está cuidando también, pero a veces cuando no estoy, salgo, llego y ya trae palo, está ahí pegando mi mamá, la está ahí golpeando pue, tal vez digo por eso me quedé” (Soltera, 49 años).

Sobrecarga de trabajo

La distribución del trabajo y de las responsabilidades al interior de las familias se traduce en la sobrecarga de trabajo para las mujeres en tanto esposas y madres. Las mujeres casadas además de tener una responsabilidad primaria en los ingresos monetarios de la familia, son las responsables del cuidado y reproducción del grupo familiar, de ahí que, unirse conyugalmente se conciba como un trabajo adicional, que las mujeres entrevistadas dijeron no querer hacer.

“Es que no me gusta, es que, necesita para lavar su ropa, para mantenerlo, no dejan (salir) a ver las mujeres, como no hay (esposo) donde quiera me voy, por eso mejor no, no voy a casar. Si hay esposo preocupa, quieren su comida, que van a comer, por eso no, por eso no quiero” (Soltera, 45 años).
“No me gusta, no me gustó, es muy trabajo los hombres, quiere mantenerlo, ¡todo! Si van a trabajar hay que levantar temprano a hacer la tortilla, no, como que no me gusta” (Soltera, 29 años).
“Pero yo no quiero (casarme), a veces como te estoy diciendo es difícil, es trabajo pue, así comprometer con hombre es trabajo, trabajo, hacer las cosas, planchar la ropa, todo, si pue” (Soltera, 39 años).

Como observa Lagarde (2005) en el deber ser de género, la subjetividad se subordina a la organización socioeconómica y se refleja en el exceso de trabajo visible e invisible que realizan las mujeres en su papel de cuidadoras. Las entrevistadas señalaron que la sobrecarga de trabajo recae en las mujeres, quienes tienen que combinar la crianza de los hijos/as, con la alfarería y el trabajo en la milpa. La ausencia del padre de familia es sobrellevada por la colaboración de las hijas mayores, influyendo en su permanencia en la casa familiar. Así mismo, cuando falta la madre, ellas toman el cuidado de la familia, además del trabajo en la alfarería.

“Es que mataron a mi papá cuando era así chica tenía 12 años, y esos mis hermanitos estaban más chiquitos, por eso no quise dejar sola a mi mamá” (Soltera, 56 años).
“No quise casarme, vivo bien así (…) no quise porque estuve ayudando a mi mamá en la cocina a lavar, a trabajar, por eso no me quise casar” (Soltera, 39 años).
“Si, tengo tres hermanitos, pero están aparte, yo aquí me quedé pue con mi papá desde que se falleció mi mamá, aquí me quedé” (Soltera, 56 años).

Motivos para no ser madre

Como han señalado distintos estudios, elegir no tener hijos/as es un proceso que no siempre es claro y lineal, siendo muchas veces contradictorio y subjetivamente no resuelto, en tanto está intrínsecamente relacionado con la historia de vida, creencias y temores (Ramírez, 2013; Ávila, 2005; Quintal, 2001). Se muestra como un producto de reflexiones y decisiones sobre aspectos sociopolíticos determinados históricamente, como la falta de equidad de género en la distribución de las responsabilidades, la tensión entre la maternidad y el mundo laboral, o la poca confianza en las relaciones de pareja (Gillian, 2011; Ávila, 2005; Quintal, 2001). En el caso de las mujeres entrevistadas, se encontró que el rechazo a unirse conyugalmente se acompaña con el rechazo a la maternidad, pero también, no tener hijos/as se presenta como una consecuencia de la soltería, esta última situación enfatiza el papel central que tiene la violencia de género, en tanto constriñe las opciones, y es considerada en las elecciones/alternativas que las mujeres van tomando.

Estigma hacia la madre soltera

De acuerdo con Fuentes (2018), en las sociedades rurales e indígenas existe un estigma social sobre la madre soltera que genera discriminación y rechazo. Para algunas de las mujeres entrevistadas, el costo de no unirse conyugalmente es alejarse de la posibilidad de tener hijos/as sin ser rechazada.

“Si se embarazan le dicen a su mamá y ya la mamá va a arreglar con el papá del muchacho si lo va a tener como mujer, si no arreglan y tiene que darle dinero, pero las ven mal, ay si, dicen que esa mujer no sirve, porque hizo eso, así no sirve, es que las mujeres que se dejan también, algunas se dejan engañar pue” (Soltera, 37 años).

Como en todas las sociedades, la maternidad está normada, y en Amatenango del Valle, ésta debe de ejercerse dentro del matrimonio. Si la maternidad es producto de haber tenido relaciones sexuales fuera de la unión conyugal, las mujeres son señaladas por la comunidad como una mujer que se dejó engañar. Para los hombres, las madres solteras, suelen ser mujeres que al haberse relacionado sexualmente con un hombre, las convierte en propiedad de todos los hombres.

“Molestan, por eso, así como ese no se puede hacer, porque la gente no sólo te va a mirar, ya cuando te embarazaste con un hombre, ya los demás hombres quieren que te vas a meter con él, y por eso no se hace así, por eso así estamos pensando mejor no, y no” (Soltera, 49 años).
“Así pasa, unas se van con el hombre, cómo te digo, así a escondiditas, por eso, así se acostumbra también el hombre, no, no porque dicen que no, son unas cuantos que quieren, sino ya lo están diciendo que todas queremos así, no, no, no somos iguales, aparte que quieren así a escondidita y aparte que no, a veces que como no queremos y pero no, no tiene derecho que me obliga” (Soltera, 50 años).

Abandono de la pareja

La desigualdad de género concibe a las mujeres desechables, otorgándoles a los hombres el privilegio de dejar a sus cónyuges, y no hacerse responsables de su descendencia. Una práctica común es que los hombres otrora casados, abandonen a sus familias y busquen hacer nuevas uniones conyugales. De ahí que el temor a tener hijos/as y ser abandonada, sea un riesgo real, y un motivo para que las mujeres prefieran no casarse y no ser madres.

“Si hay, si hay muchachos, pero quieren a otras, dejan unas y van con otras, hay muchachos que te buscan pero son viudos (separados de sus esposas), pero ya los hemos visto como son con sus mujeres mejor no, a veces porque echan mucho trago, eso ya no, y así mejor no, pa que te dejen con hijos mejor no” (Soltera, 37 años).
“Si vino uno (un pretendiente), pero, como que ya tenía dejado pue su esposa, si, y por eso ya no quise” (Soltera, 46 años).
“Toma mucho, es un este mujeriego, se casó con mi mamá pero no sé, nunca se ha estado con mi mamá, cuando nacen los bebés ahí se huye, no quería, nunca nos quería, ya luego regresa y se va otra vez” (Soltera, 38 años).
“Le digo, yo no voy a querer marido porque lo estoy mirando la gente se dejan, casi aquí todos lo cambian a sus mujeres, dejan, pa que lo quiero, mejor voy a trabajar, voy a ver como estar comiendo así, hay veces le dejan abandonando a las mujeres con sus hijas qué tal voy a salir así yo también, mejor no, así pensé” (Soltera, 28 años).

Sobrecarga de trabajo

La maternidad como una construcción discursiva que implica graves sesgos en contra de las mujeres, en tanto las instituciones hegemónicas, reproducen a la maternidad como fin último de la feminidad, al tiempo que descargan en las mujeres-madres todas las responsabilidades del cuidado físico y emocional de la población (Lagarde, 2011; Saletti, 2008; Fregoso, 2005).

Las mujeres entrevistadas encontraron que al igual que el matrimonio, los hijos/as representan una carga de trabajo que recae en las mujeres principalmente en la manutención y en la crianza, de ahí que tener hijos/as sea considerada una responsabilidad que implica una mayor demanda de recursos monetarios y de trabajo relacionado con el cuidado.

“Las que están casadas no pueden descansar porque tienen hijos pue, y quiere más gasto, tienen que hacer su tortilla porque aquí pue no compramos la tortilla, lo haces tortilla, a veces quieren frijoles lo ponen su olla tienes que cocer todo el día y con eso, en la tarde hacen otra vez la tortilla, dos veces, a veces quieren pozol tomar pozol al medio día, no salen pue los que tienen sus hijos, no” (Soltera, 38 años).
“Es que me contaron que toman mucho trago, te pegan, te maltratan y luego, si es muy buena tu matriz vas a tener un hijo, y ya con el hijo ya no te deja salir, ni si quieres ver a tu mamá o sólo un ratito y regresa rápido, mejor estoy bien como estoy, me voy a donde quiero, vete a vender a este lugar, me voy con mi compañera a donde nos digan, siempre vamos” (Soltera, 37 años).
“Es que es difícil criar una niña chiquita, puro dinero, la leche, los pañales, todo, si pues, es difícil, tener una niña” (Soltera, 39 años).

Muerte materna

En contextos de pobreza y desigualdad, el temor a morir en el parto o por causas derivadas de la maternidad es una realidad presente en las experiencias de las mujeres indígenas de los altos de Chiapas. La muerte materna impacta de tal manera en la vida de las mujeres, que fue mencionado entre los motivos para no tener hijos, ya sea por temor a morir, o en su caso, también por haber quedado al cuidado de los hijos/as de las familiares que han fallecido en el parto o puerperio, a quienes reconocen incluso como sus propios hijos/as.

“No, me da miedo, tengo miedo de tener hijos, da miedo cuando se nace pue, es que lo vi que nació mi sobrinita, mi cuñada se puso mal, luego se falleció, me da mucho miedo, no quiero, no quiero cuando están chiquitos, no quiero, me da mucho miedo, sí” (Soltera, 38 años).
“No quiero, no, porque me da miedo morirme cuando nazca” (Soltera, 30 años).
“Así como murió pue una mi cuñada de cuando nació su hija, yo quedé cuidando una niña, yo fui dándole leche de biberón yo lo crie la niña, ya es como mi hija” (Soltera, 39 años).

Mujeres y no maternidad en Amatenango del Valle

Las mujeres casadas cercanas a las mujeres que no son madres ni esposas, consideran que cuando una mujer decide no casarse, es algo bueno porque significa que no la obligaron a casarse, suponen que están contentas porque no tienen marido, lo que les permite dedicarse a trabajar, y tener libertad para salir, pero también observan que no tener hijos/as ni esposo es un riesgo a quedarse solas en el futuro.

“Hay mujeres que no, no toman marido, no quisieron, y pues su suerte también que no las obligaron” (Casada, 56).
“Es por gusto pue, ya no obligan, aquí hay bastante, están contentas, si contenta que trabajan también pue, si pue trabajan, solo trabajan, algunas viven solas, algunas que viven con sus mamás, hay veces que algunas mujeres que va a quedar sola, va a trabajar, si pue” (Casada, 43 años).
“Están felices porque no hay marido que está molestando pue. Hay unas que salen mucho a vender sus cosas, van a México, van a donde quiera, cuando hay evento se van pue con sus trastes, salen a vender sus trastes, se acompañan ellas” (Casada, 48 años).

Las mujeres que permanecen solteras y sin hijos/as, observan que la soltería es por gusto y se saben afortunadas de no haber sido obligadas a casarse, pero reconocen que hay algunas mujeres que no eligieron voluntariamente la soltería ni la no maternidad. Enfatizan la libertad y la tranquilidad como el beneficio de permanecer solteras, y reconocen el papel de su trabajo remunerado monetariamente como el bastión de su independencia hacia el matrimonio, pero también saben que muchas veces su esfuerzo e ingreso es requerido para el bienestar de sus familias.

“Lo que pasa es que no quieren casarse, hay unas que le asoma pue, que le entran a pedir, pero dicen que no quieren, hay otras que no salen pue, no encuentran, algunas que no se casan, es porque no quieren, quieren salir todavía” (Soltera, 37 años).
“Aquí hay muchas solteras, las mujeres no se casan porque les gusta vivir libres” (Soltera, 38 años).
“Creo que por lo mismo que las mujeres no se quieren casar, como ganan su dinero ya, la leña la pueden comprar, y no tanto necesitan tener una familia si pueden vivir solas, pienso, eso he notado mucho aquí. Tengo dos hermanas casadas y cuatro seguimos solteras” (Soltera, 24 años).
“Ya no obligan a las mujeres a casarse, ya es su decisión (…) no he visto que molesten a las mujeres que no se casan porque les conviene también a los papás que no se vayan sus hijas, porque viven más tranquilos” (Soltera, 25 años).
“Ellas ya saben para comer, ellas trabajan el campo, siembran maíz, echan riegas, y cosechan su maíz, ya saben trabajar solitas también, sale a trabajar, hace sus trastes, sabe rajar la leña, ellas saben de todo, no se casaron, saben todo, si es bonito vivir así, ahí pasa el día” (Soltera, 39 años).
“Aquí hay muchas que no se casan, hay mucho, este tal vez así, así pasamos en la vida, y por gusto, por gusto, si” (Soltera, 49 años).

Reflexiones Finales

El objetivo de este estudio fue visibilizar la existencia de la no maternidad en contextos indígenas a través de la exploración de las condiciones, motivaciones y circunstancias bajo las cuales las mujeres de Amatenango del Valle construyen su no maternidad. Las entrevistas, sin pretender ser exhaustivas ni generalizadoras, muestran una asociación entre la no maternidad, la soltería, las actividades económicas y el sistema de género local. El acercamiento al contexto desde un enfoque de género, reveló algunos de los elementos que trazan las posibilidades, delinean los deberes y distribuyen los recursos en la comunidad, y posibilitó observar la no maternidad inserta en el entorno que la construye y la regula.

La información presentada permitió identificar que, entre las mujeres entrevistadas, la no maternidad y la no unión conyugal se relacionan de distintas formas, pudiendo ser: 1) de asociación, en la cual las mujeres no quieren ser madres y tampoco esposas, o 2) una relación de subordinación, donde la intención de no ser esposas conlleva la prohibición de ser madre. En el primer caso, la no maternidad responde a la voluntad de la mujer no madre, reflejando la transgresión de normas aparentemente flexibilizadas que, si bien son permisivas a la no maternidad, también la regulan y estructuran bajo el control de la sexualidad mediante el celibato como mandato. En el segundo caso, la no maternidad como consecuencia de no querer ser esposa, se sostiene por la estructura de género que norma la maternidad y la constriñe a la conyugalidad.

Los otros dos tipos de no maternidad identificados fueron menos frecuentes, pero muestran la forma involuntaria de no ser esposa, independientemente del deseo o no de ser madre. En este subgrupo están: 1) las mujeres que anhelan unirse conyugalmente, y ser madres, pero no han sido elegidas para ser esposas, y como consecuencia no son madres; y, 2) las mujeres que no desean unirse conyugalmente ni tener hijos/as, pero que tampoco han tenido las opciones vivenciales de elección, lo que las distingue de quienes sí fueron “elegibles” y dijeron que no.

El rechazo a la unión conyugal, independientemente de haber sido elegida o no, es predominante entre las mujeres sin hijos/as de Amatenango del Valle entrevistadas, incluso si el costo de no ser esposa sea el de no ser madre. Los razonamientos en torno a decidir no ser esposa se relacionaron con los roles de género en la familia y la comunidad, así como las desiguales relaciones de poder dentro de pareja, considerando desde esta lógica, al matrimonio, y en ocasiones a la maternidad, como un espacio de riesgo, que conlleva mayor esfuerzo vital y menor libertad de acción.

Las desigualdades sociales e inequidades de género se relacionaron con algunas de las razones para no ser madre. La desigualdad social y la pobreza, en tanto elementos que ponen en riesgo la salud de las mujeres, ha dado origen al temor de morir dando a luz. La concepción que algunas mujeres tuvieron acerca del parto como un momento peligroso, fue una motivación para preferir no tener hijos/as, explicada por las experiencias cercanas. Las desiguales relaciones de género que normalizan la poligamia y el abandono, se refleja en la negativa a tener hijos/as basada en el temor a ser madre y ser abandonada por la pareja. Así mismo, bajo esta normatividad de género, el estigma como forma de violencia hacia la maternidad fuera de la norma conyugal, es otro de los motivos para elegir no ser madre. En este sentido, la maternidad fuera del matrimonio, y la no maternidad, son las caras de la misma moneda que transgreden y al mismo tiempo reflejan la norma de género.

Como ha señalado la teoría feminista, las distintas instituciones reproducen y constriñen a las mujeres hacia la maternidad y cuidado como deber ser (Lagarde, 2011), en Amatenango del Valle, se observa que la elección de no ser madre responde a razonamientos cimentados sobre un conjunto de estrategias y elecciones contenidas dentro de un marco limitado de posibilidades, mientras que la desigualdad social, y el sistema de género local, estructuran a la no maternidad hacia el cuidado, protección y manutención de los otros, sólo en esa medida se muestra permitida. En tanto normada, la no maternidad es aceptada.

Si bien las condiciones materiales bajo las que se ejerce la maternidad y la no maternidad en los ámbitos rurales y urbanos en México son diferentes, las motivaciones hasta ahora documentadas sobre no maternidad han llegado a coincidir, bajo sus propias especificidades, especialmente en lo referente a los roles de género y relaciones de pareja. La sobre carga de trabajo y de responsabilidades que se asigna a las mujeres a través de la maternidad (Lagarde, 2011; Saletti, 2008; Fregoso, 2005) es uno de los razonamientos más comunes para elegir no ser madre entre las mujeres indígenas de Amatenango del Valle, pero coincidentes con los argumentos de las mujeres urbanas. Así mismo, la desconfianza en las relaciones de pareja como un razonamiento para no tener hijos/as se encuentra también en trabajos realizados en las grandes urbes de México, como los de Gillian (2011), Ávila (2005) y Quintal (2011).

Los testimonios de las mujeres indígenas entrevistadas hacen evidente el claro-oscuro de la no maternidad, muestran por un lado, la agencia para elegir no ser madres y esposas, la racionalización de los argumentos y motivaciones que rechazan la maternidad-conyugalidad relacionados con el bienestar propio, y en general, la construcción de referentes del ser mujer distintos al modelo tradicional de feminidad; mientras que por otro lado, el ejercicio de la no maternidad, también denuncia profundas desigualdades de género y clase, visibles en la distribución desigual de los recursos y las responsabilidades, en las diferentes formas de violencia ejercida hacia las mujeres, en la constricción de las identidades femeninas y su deber ser para otros, así como en las adversas y discriminatorias condiciones materiales y sanitarias bajo las que se ejerce la maternidad indígena.

En concordancia con Sánchez et al (2004), quienes señalan que las experiencias de las mujeres contribuyen a la transformación social y cultural, el ejercicio de la no maternidad y de no unión conyugal voluntaria, muestra el protagonismo de las mujeres indígenas, que, en tanto sujetas sociales, desde sus especificidades transgreden estereotipos y van construyendo su propia historia. La acción orientada a desmontar, intencionalmente o no, la norma mujer=madre-esposa denuncia las profundas desigualdades y discriminación cotidiana, interactuando con las normas y valores locales; incide en las identidades y estereotipos, posibilitando la emergencia de nuevas formas de ser mujer indígena. La actividad económica monetarizada ha enmarcado las pautas para la transgresión, a partir del hecho de no ser madre o esposa de alguien, ha abierto el marco permisivo para el ejercicio de la no maternidad, y con ello, también ha expandido el abanico referencial de opciones reproductivas y proyectos de vida para las mujeres de las generaciones consecutivas.

Este trabajo muestra una primera exploración sociodemográfica a la no maternidad y no conyugalidad indígena llevada a cabo en Amatenango del Valle, si bien su objetivo fue visibilizar las prácticas de no maternidad, también plantea diversas temáticas que es necesario profundizar desde diferentes disciplinas. Hasta ahora podemos ver que la vivencia de la no maternidad indígena de Amatenango del Valle, se suma a las voces que desmienten los discursos que se empeñan en negar, minimizar o naturalizar las desigualdades de género, así como a aquellos que cargan de estereotipos reproductivos e infantilizan a las mujeres indígenas.




Agradecimientos

Se agradece al Fondo de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico de El Colegio de la Frontera Sur por el apoyo para la realización de este trabajo.


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Notas al pie:

1.

fn1Si bien la maternidad va más allá del hecho biológico de la procreación, este estudio considera la no maternidad como la condición de las mujeres que permanecen sin hijos/as durante su etapa reproductiva.

2.

fn2En Amatenango del Valle el 89.4% de la población de 12 años o más es bilingüe, siendo el tseltal la lengua principal (INEGI, 2005).


fn3CÓMO CITAR: Linares, Bárbara; Nazar, Austreberta y Zapata, Emma. (2019). Ni madre, ni esposa. Mujeres indígenas de Amatenango del Valle, Chiapas, México. Revista Interdisciplinaria de Estudios de Género de El Colegio de México, 5, 8 de julio de 2019, e389, http://dx.doi.org/10.24201/reg.v5i0.389


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